El Grito de Lares
José R. Bas García – independencia.net
Lares – Una vez más le correspondió a la Vicepresidenta del Partido Independentista Puertorriqueña, Sen. María de Lourdes Santiago , representar a PIP en los actos de conmemoración de la gesta de independencia del Grito de Lares. Ante una plaza de la Revolución repleta, la líder independentista pronunció un mensaje en que relacionó las virtudes y el compromiso de los próceres de Lares -Betances y Ruiz Belvis- con algunos de los resultados que actualmente se han logrado en la lucha por la independencia de Puerto Rico.
“Qué le faltaba al independentismo de 1868”cuestionó. No fue falta de valor, de capacidad de sacrificio, ni carencia de dirección o liderato. Faltaron las circunstancias que permitieran que el fervor patriótico aquel se cuajar en victoria”, aseguró. De la misma forma, mencionó que en los tiempos de De Diego, don Pedro Albizu Campos y de don Gilberto Concepción de Gracia, cuyos peregrinajes se dieron bajo el dominio de los Estados Unidos como poder colonial, tampoco hubo circunstancias propicias.
Al comparar esa situación con los tiempos presentes, la oradora destacó que ha habido un cambio de circunstancias muy favorable para adelanta y lograr la independencia. “¿Cuánto habría dado Betances por haber podido ver al invasor que entró por Guánica, salir por Vieques y Roosevelt Roads? ¿Cuánto hubiese dado por ver la bancarrota de la colonia? ¿Cuánto, por poder ver al apoyo de todo el continente Latinoamericano a la independencia de Puerto Rico, como se logró el año pasado en Panamá? Hoy podemos celebrar que la realidad es otra”, afirmó. Hace unas décadas cualquiera que expresara públicamente que Puerto Rico es una colonia, podía tener un problema con las autoridades, pero según María de Lourdes Santiago , “ahora el americano es quien dice que Puerto Rico es una colonia”.
Al mencionar el tema de la Asamblea Constitucional de Status, hizo claro que a diferencia del Partido Popular, que propone que se celebre una Asamblea de Status, en que el status colonial se plantee como solución, el Partido Independentista también propone una Asamblea de Status, pero para descolonizar verdaderamente. “El PIP está con la constituyente de lo único que hay que constituir aquí, que es la independencia de la patria”, exclamó la oradora.
También destacó lo que representa otro cambio en las circunstancias. Hasta hace apenas unas décadas, se consideraba que la independencia significaba estrechez económica. Sin embargo, hoy, bajo el ELA, Puerto Rico vive una crisis económica que se asocia con las limitaciones jurídicas que nos impone la relación actual con Estados Unidos. La independencia se presenta en la actualidad como la opción de status que representa una respuesta para poder desarrollar económicamente. “La estadidad y el ELA están probados y son recetas para la dependencia y la pobreza”, sostuvo. Hizo hincapié en que estos son parte de los temas de los que les está hablando al pueblo el candidato a la gobernación por el PIP, el economista, Dr. Edwin Irizarry Mora.
“Nos ha tocado el privilegio de recoger lo que otros sufrieron en esta lucha. Es nuestra tarea fortalecer al instrumento de lucha de la independencia”, aseguró la senadora independentista.
Lares
María de Lourdes Santiago Negrón
Vicepresidenta Partido Independentista Puertorriqueño
domingo, 23 de septiembre de 2007
Compañeros y compañeras, compañeros de las organizaciones que están reunidas en la Plaza de la Liberación.
Nuevamente nos reunimos en Lares, para recordar a los patriotas que dieron su libertad y su vida por la causa sagrada de la independencia. Acudimos con devoción religiosa a recordarlos y honrarlos, y a presentarles como homenaje nuestro compromiso de continuar su lucha. Venimos al lugar que, con toda justicia llamamos el altar de la patria, no sólo porque con el sacrificio de los héroes de 1868 se encendió la llama que hasta hoy ilumina el camino a la independencia, sino porque lo que ocurrió aquí, aquel 23 de septiembre fue sobre todo un acto grande y arrojado de fe. Digo fe porque en el Puerto Rico de 1868 era difícil, en aquella neblina espesa del coloniaje español, dibujar con claridad la silueta de la liberación. La prueba de esa dificultad está en el desenlace del Grito: muerte, encarcelamiento y exilio para nuestros patriotas, y la continuación del yugo colonial para nuestra isla. ¿Qué le faltaba al independentismo del 1868 para poder triunfar? Valor no era, y ahí tenemos la figura gallarda de Manolo el Leñero y los que con él se lanzaron a la insurrección. Tampoco inspiración, que fue con mucha ilusión que Mariana Bracetti, bordó la enseña libertaria. No era capacidad de sacrificio, y aquí hay que recordar, con la emoción con que siempre le evocó Betances, a “el mejor de todos nosotros”, Segundo Ruiz Belvis, que dejó la vida, tras una larga y dolorosa y solitaria agonía, en el viaje a Chile al que había partido para gestionar recursos y apoyo para el levantamiento. Y ciertamente, no carecía de dirección, de inteligencia, de valor, de amor patrio, la gesta que tuvo al frente al Padre de la Patria, Dr. Ramón Emeterio Betances. Todo lo que dependía de aquellos extraordinarios hombres y mujeres estaba allí, pero faltaban circunstancias que permitieran que ese fervor patriótico cuajara en victoria. Y siguieron faltando esas circunstancias luego, cuando José de Diego se convierte en portaestandarte de esta lucha, y cambiaron esas condiciones—para empeorar—cuando don Pedro Albizu Campos asume la dirección del Partido Nacionalista, y no mejoraban cuando, tras, fundar el PIP, don Gilberto Concepción de Gracia nos decía que nuestra vida tenía que estar siempre “sin flaquezas, sin claudicaciones, sin temor a los poderosos-hasta que nuestra alma entre al misterio de la eternidad, dedicada a la democracia, a la paz, a la independencia de Puerto Rico, a la genuina justicia social”. Persistía, cuando don Gilberto hizo esa ferviente declaración de amor a la patria, la neblina del 1868. Pero persistía también la fe, esa capacidad del corazón, del espíritu y del intelecto, de conocer lo que no es visible. Por eso Lares es altar; porque aquí se inauguró nuestra fe, y porque en los que estamos aquí reunidos, vive el valor, el sacrificio, la ilusión, el arrojo, del Leñero, de Mariana, de Ruiz Belvis y Betances. Sólo que hoy, 23 de septiembre de 2007, hay algo más. Y es que gracias al recorrido largo y azaroso que han hecho iluminados por esa fe, generaciones de luchadores por la independencia, esa fe que, igual que el agua se hizo vino en Caná ha transformado en alegría y entusiasmo la persecución y los sinsabores, hoy podemos ver de cerca la libertad anhelada y extender la mano para alcanzar el premio de ciento cincuenta años de luchas. Por fin, a las virtudes sin las que no sería posible la lucha, se unen las circunstancias que la historia le negó a los que nos precedieron. Porque, ¿cuánto, compañeros y compañeras, no habría dado Betances, en su exilio en París, mientras veía con dolor que su patria pasaba de unas manos a otras como botín de guerra, cuánto no habría dado, por ver a ese ejército conquistador retirándose de nuestra tierra como los vimos nosotros en Vieques y Roosevelt Roads, derrotados por la desobediencia civil en la que los independentistas fuimos punta de lanza, por la que tantos de los que estamos aquí estuvimos en la cárcel? ¿Cuánto no habría dado de Diego, por ver la bancarrota de la colonia que presenciamos hoy? ¿Qué bálsamo habría sido, para la soledad y el dolor que vivió en sus terribles años de cárcel don Pedro, el apoyo y solidaridad de toda nuestra América, como la logramos en noviembre pasado en Panamá, cuando partidos de todo el espectro político del continente dejaron atrás diferencias y distancias para decir con una sola voz, vamos a culminar la agenda bolivariana, vamos a escribir, como decía Martí, la última estrofa del poema de 1810, con la independencia de Puerto Rico? Don Gilberto, que abatido ya por la enfermedad, peregrinaba a las Naciones Unidas, para mantener viva la conciencia del caso de Puerto Rico, y veía que lo que él hacía por un lado, por el otro los intereses coloniales lo deshacían, cuánta satisfacción no habría llenado el corazón de Concepción de Gracia ver al Comité de Descolonización aprobando la resolución por la independencia de Puerto Rico sin el sabotaje de antaño, y ver a ese comité recomendar, tras tantos años, que el caso de Puerto Rico llegue al pleno de la ONU. Y hablo de las grandes figuras de nuestra historia, que representan el lazo que nos une, pero ustedes conocen, en cada pueblo, en cada comité, a los que caminaron sin desanimar en la oscuridad de las circunstancias más adversas, sin más guía que la fe.
Hoy la realidad es otra. Ya los Estados Unidos aceptan, como se aceptó en el Informe del Grupo de Trabajo de Casa Blanca, no sólo que esto es una colonia; también dicen ahora con toda claridad que esa colonia no puede continuar. No sé si recuerdan, en las vistas celebradas recientemente en Washington, en torno al tema del status, estaban los presidentes de los tres partidos y el gobernador colonialista dice a los congresistas, “es como dice Rubén, que la estadidad ustedes no la van a dar”, cosa que no pone en duda nadie en este país, y dice el dirigente del partido de la anexión “es que ya ustedes han dicho que el colonialismo es inaceptable”. Así que Rubén, confesados los testigos, dice: ‘bueno, con lo que han dicho estos dos, vamos a empezar a hablar de la transición a la independencia”. Y que nadie se llame a engaños. Esa realidad se da por lo que empezó a cuajar aquí en Lares en el 1868. Es verdad que la estadidad no le conviene a los americanos, es verdad que no quieren a un territorio que se convertiría en una carga económica, es verdad que su sistema federado es incompatible con la anexión de una nación latinoamericana y caribeña. Pero la razón de fondo, la verdadera muralla contra la estadidad, es la existencia de un movimiento independentista vigoroso, organizado, que no se rinde ante nada y que no se ha dejado seducir por la confusión. Por sobre cualquier otra razón, la estadidad es imposible porque nosotros los independentistas, los independentistas—no los que se arropan lo mismo con la monoestrellada que con la pecosa, no los del lelolai con unión permanente, nosotros los independentistas, la hacemos imposible, y el que no entienda esto está en la luna de Valencia.
La pregunta entonces es, cuál va a ser nuestro papel en este escenario nuevo. Lo primero, lo fundamental, es no permitir que el cansancio que nunca abatió a Betances, a Albizu, a don Gilberto, no haga mella en nosotros, porque ese día le estaremos faltando a nuestra historia. Lo que el independentismo ha ganado, no se lo vamos a entregar a nadie, y nos toca trazar la línea brillante enre unos y otros. Por ejemplo, compañeros, ahora todo el mundo habla de nación y de patria, pero son los mismos que antes limpiaban los pisos de los cuarteles con la bandera de Puerto Rico. O la Asamblea Constituyente—ahora todo el mundo dice que es asambleaconstitucionalista, que es una idea que nación con Albizu Campos. Pues el Partido Independentista está con la Asamblea Constituyente, pero no con la que quieren empujar para maquillar a esa madama avejentada que es el ELA, el PIP está con la Constituyente para constituir lo único que se puede constituir: la independencia.
Nos ha tocado el privilegio de recoger lo que sembraron nuestros mayores, y no podemos ser herederos perezosos que en el día de la vendimia dejan perder el fruto. Los enemigos de la independencia van cayendo—se esfuma toda posibilidad de estadidad y de permanencia de la colonia y se desmoronan las instituciones políticas que las representan. Hoy, más que nunca, es nuestro trabajo fortalecer el instrumento de lucha que es el Partido Independentista Puertorriqueño, y abrazar la tarea de construir la independencia; la independencia que no sólo es una aspiración que responde al imperativo moral de que un pueblo debe mandarse a sí mismo; es la independencia que representa hoy la única oportunidad de transformación material para un país en el que la pobreza ya no puede esconderse debajo de la alfombra, y en el que el status se ha convertido en un obstáculo insalvable para el crecimiento económico. Y tenemos un ejemplo reciente, en la situación que hoy agobia a la industria lechera—el que hasta hoy había sido el sector agrícola más próspero, y del que dependen 25,000 empleos. Ahora resulta que es el tribunal federal el que determina estructuras de costo y márgenes de ganancia para las vaquerías puertorriqueñas, todo para favorecer a procesadores extranjeros. Eso se suma a la decisión anterior del tribunal federal, de eliminar los certificados de necesidad y conveniencia para dejarle la puerta abierta a las cadenas farmacéuticas estadounidenses y convertir a las farmacias de la comunidad, fruto del esfuerzo de empresarios boricuas, en una especie en peligro de extinción. ¿Dónde es que está la prosperidad en un sistema político que se ensaña contra los nuestros para rendirse ante el de afuera? Ése es el mensaje que Edwin Irizarry Mora, nuestro candidato a la gobernación va a llevar a toda nuestra isla: el ELA y la estadidad son las recetas para la miseria, porque son proyectos políticos que se nutren de la dependencia y de favorecer al extranjero y los partidos que las representan han sido unos vividores de la pobreza; esa pava y esa palma engordan alimentándose de las necesidades que pasa el pobre, y sólo la independencia, en un mundo globalizado e interdependiente, puede llevarnos a la prosperidad.
Por vividores que son, por su vocación de sanguijuelas, miden en dólares y centavos lo que vale la vida de cada compatriota que es enviado a morir a la guerra, y reciben a los reclutadores con alfombra roja en las escuelas públicas, para que seduzcan a nuestros muchachos que, empujados por la pobreza y la falta de oportunidades, se inscriben en el ejército, y festejan la convención de los guardias nacionales. Cuando vamos nosotros, todos los años, a todas las escuelas publicas superiores del país a alertar a los jóvenes contra los engaños de los reclutadores, nos dicen antiamericanos y tienen a un policía vigilándonos. Lo que pasa en realidad, es que, en un asunto como el de la guerra, y el reclutamiento en las escuelas, hay que escoger entre los americanos y la muerte o la vida de los puertorriqueños y ellos están con los americanos y nosotros con los puertorriqueños.
Eso lo intuyen aun los que no son independentistas, porque nos lo hemos ganado con décadas de decencia y honestidad. Aquí, en Lares, estamos los que representamos el único recurso para mantener viva la esperanza la posibilidad de un país mejor. El Partido Independentista es conciencia y es reserva de esperanza. Es así cuando hablamos de temas como el status y lo es cuando se trata de los temas de todos los días, y decimos que hay que hacer buen gobierno, no solo como un hecho administrativo, sino como un acto de humanidad, porque cuando hay policías matando gente, o fabricando casos o macaneando a los pobres, como lo ha hecho en Candelaria, o no hay servicios para los pacientes de salud mental, o medicamentos para los pacientes VIH, el problema de fondo no es de administración, o burocracia o papeleo; el problema es el sufrimiento de los hombres y mujeres de esta tierra. Y aquí en Lares estamos los únicos que podemos ir con la cabeza en alto a decirle al país “nuestro compromiso es con un país mas justo”, porque el país sabe que hablamos con el corazón, y que nuestra conciencia no tiene precio. Y eso no lo pueden decir los otros, por eso les duele nuestra existencia, y hay quienes quisieran ver muerto y enterrado al Partido Independentista Puertorriqueño. Tarea que, por cierto, ahora se la han encargado al tribunal federal, los enemigos de la independencia que después de coger no una, sino tres palizas en los tribunales puertorriqueños tratando frívolamente de impugnar nuestra inscripción, ahora van, a ver si la corte americana descertifica al PIP. A ellos y al tribunal les decimos: el Partido Independentista Puertorriqueño no va a comparecer ante el tribunal federal; ni vamos a contestar demandas, ni a presentarnos a la corte ni a entregar documentos y si quieren citar a nuestro comisionado electoral, o a cualquier líder del PIP, los alguaciles saben donde queda el Comité Nacional, porque solo bajo arresto nos pueden obligar a comparecer.
Compañeras y compañeros, cada día más, el Partido Independentista Puertorriqueño es el anticipo del proyecto de futuro que añora Puerto Rico, que cada cual, en lo más íntimo, sabe que tiene que ser un proyecto de independencia, como única alternativa de prosperidad para un país en bancarrota, y como cura para las heridas de la indignidad y la apatía, que son el padre y la madre de las grandes injusticias sociales que padecemos. Don Pedro decía que el 23 de septiembre era “la fecha gloriosa en que se fijó la voluntad de ser libres, y desde ella empieza la cronología de la república independiente, no importa el tiempo que tarde en liberar su soberanía de extrañas intervenciones”. Pues esos tiempos se acercan y han de cumplirse, como profetizaba el padre Betances, exhortando a los hijos del país a estar preparados. La hora ha llegado, y de nuestro entusiasmo, de nuestro trabajo, de lo que haga cada independentista en cada comité, depende que se cumpla la promesa de libertad a la que nuestros mayores se consagraron aquí en Lares. Nos ilumina su fe, nos guía su ejemplo y haremos nuestra independencia teniendo por cimientos sus esperanzas. ¡A la lucha y a la victoria!
¡Que viva Puerto Rico Libre!